Soy un tío al que en lo personal no le suele ir bien.Bueno, la verdad es que soy un tío que se queja por todo.
Si soy objetivo, en realidad debería estar agradecido. Nací en el seno de una familia acomodada. No tuve zapatillas de marca ni kit-kats para merendar, pero me educaron en la creencia de que un nombre conocido no justifica un precio ni es sinónimo de calidad. Tengo más amigos de verdad que gente que tiene muchos más amigos que yo. No soy feo aunque a veces lo parezca y, aunque desaprovechado, tengo talento para hacer muchas cosas que a otros les gustaría hacer.
Ahh, por cierto, no tengo abuela.
Soy consciente de que siempre queremos lo que no tenemos y de que a menudo me quejo de vicio. Siempre pienso que lo que no tengo es lo que acabará por darme la felicidad. Hasta hace tiempo me conformaba porque, a escala reducida, había tenido éxito en lo profesional. Con éxito me refiero a que había estado trabajando regularmente, que ya es bastante.
En Junio terminé mi último trabajo, y desde entonces no he vuelto a la vida laboral. Si me salto a la torera Julio y Agosto (por aquello de las vacaciones), llevo dos meses en paro. Supongo que es poco para los tiempos que corren.
Pronto entré en la rutina de levantarme a la hora de comer y pensar a menudo aquello de "ya mañana si eso". Al llegar el jueves la cosa cambiaba: "ya el lunes si eso". Y las semanas fueron pasando.
Miraba a diario las ofertas de las bolsas de empleo de internet solo para convencerme cada vez más de que sitios como Trabajar.com o Monster son leyendas urbanas, tapaderas de redes de trata de blancas, experimentos sociológicos de formas de vida alienígenas. Me decidí a probar al estilo cowboy solitario que ya funcionara en otras ocasiones (Beard Papa, Fnac), currículum en mano, cigarrillo de liar (consecuencia de mi menguada cuenta bancaria) y pies para qué os quiero.
A través de internet reuní información para crear un listado de productoras a las que poder entregar mi currículum. Encontrarlas no fue fácil por internet. Tampoco lo fue en la calle. Muchos de los sitios a los que fui ya no existían. Las páginas que encontré estaban desactualizadas. El trabajo de varias semanas reuniendo información se cachondeaba de mí en su descenso por el sumidero.
La semana pasada fuí a un taller de búsqueda de empleo en el sector audiovisual. Lo impartía Víctor, un colega. Gracias a él descubrí una página web que contiene información sobre miles de empresas, agrupadas por sector y actividad y que anualmente comprueba sus datos para mantenerse siempre actualizada.
A partir de ahí continuaré mi búsqueda de empleo, habiendo aprendido una valiosísima lección:A veces los arbustos no te dejan ver el bosque.
U otra casi mejor:
A veces los nombres conocidos sí son sinónimo de calidad.




